Parchando con la secre, Laura Tami, en la Manzana del Cuidado de Suba la Gaitana
Publicado
Mar
13
2026

Así se vive el cuidado en Suba La Gaitana: tres historias de mujeres cuidadoras

En la Manzana del Cuidado de Suba La Gaitana, cerca de 50 cuidadoras se reunieron con la secretaria distrital de la Mujer, Laura Tami Leal. Sus historias muestran cómo se vive el cuidado todos los días.

Inés Romero García tiene una pared llena de diplomas.

No es una metáfora. En su casa hay un espacio donde ha ido pegando, uno al lado del otro, los certificados de los cursos que ha hecho en la Manzana del Cuidado. Ya perdió la cuenta. Cada diploma le recuerda algo que aprendió y algo que pudo hacer por ella misma.

Cuando habla de la manzana se le nota el orgullo. Dice que venir aquí la hace feliz.

Pero Inés no idealiza el lugar. En medio del parche levanta la mano y, con tranquilidad, menciona algunas cosas que podrían mejorar: iluminación, un micrófono para quienes dictan las actividades físicas y talleres, un videobeam que funcione bien. Y, si se pudiera, unos escritorios.

No lo dice como reclamo. Sino como quien siente que este espacio también es suyo.

Así empezó “Parchando con la Secre” en la Manzana del Cuidado de Suba La Gaitana, un encuentro donde cerca de 50 mujeres cuidadoras conversaron con la secretaria distrital de la Mujer, Laura Tami, sobre su experiencia en el Sistema Distrital de Cuidado.

La Manzana del Cuidado de Suba La Gaitana fue inaugurada en noviembre de 2024 y hoy cuenta con 26 servicios en funcionamiento, desde formación y actividad física hasta espacios de respiro para cuidadoras. Desde su apertura ha atendido más de 7.100 personas y ha realizado más de 21.900 atenciones.

Las historias comenzaron a aparecer una tras otra.

Mayreth Martín escucha en silencio. Cuando le dan la palabra, respira hondo y lo primero que dice es que está nerviosa.

Habla muy rápido. Pero no se le nota insegura.

Desde su puesto abre una bolsa grande y empieza a sacar bolsos hechos con materiales amigables con el medio ambiente. No se levanta ni los pasa por el grupo. Los sostiene frente a ella, uno a uno, para que las demás los vean.

Su emprendimiento se llama ArtecoMartin.

Cuenta que en la manzana ha hecho dos cursos que le han ayudado mucho para su negocio. También dice algo que pocas veces se escucha cuando se habla de emprendimiento: que no ha sido fácil, que varias veces ha estado a punto de cerrar, sin embargo, ahí sigue.

Mientras habla, las otras mujeres la miran con atención. Algunas le preguntan por sus redes sociales. Otras le dicen que la van a apoyar.

Por un momento el parche cambia de ritmo. Ya no es solo una conversación sobre el cuidado: también es un pequeño impulso colectivo para que el emprendimiento de una de ellas siga adelante.

Ese interés por aprender y fortalecer sus proyectos es común entre las cuidadoras que participan en esta manzana. Solo en procesos de formación se han registrado más de 2.000 atenciones, y decenas de mujeres han participado en cursos de liderazgo, participación e incidencia política.

Luego aparece otra forma de cuidado.

Linda Jiménez también cuida. Pero no cuida personas.

Cuida animales.

Cuenta que ese trabajo también exige tiempo, energía y responsabilidad. Dice que a veces se siente un poco colapsada y pide que el Sistema Distrital de Cuidado tenga más en cuenta a quienes cuidan otras formas de vida.

Programas. Apoyos. Capacitaciones.

La secretaria Laura Tami la escucha y le responde que ya empezaron a trabajar en esto: en los Buses del Cuidado hay espacios donde las cuidadoras pueden dejar a sus animales mientras estudian o participan en actividades de respiro.

Linda asiente. La idea le interesa, sin embargo espera que pronto haya muchas acciones más.

El parche continúa.

Algunas mujeres aprovechan para hablar de preocupaciones que van más allá de la manzana: problemas de la localidad, situaciones de sus barrios, cosas que también quisieran resolver.

El equipo de la Secretaría toma nota.

Literalmente. Cuadernos abiertos, celulares, nombres, pendientes. La promesa es revisar cada caso, gestionar lo que sea posible y volver con respuestas.

Cuando el encuentro termina, Linda vuelve a tomar la palabra. Esta vez no habla de problemas ni de necesidades.

Dice algo más sencillo.

«Qué energía tan linda» dice. «Me encantó la energía de todos».

Y tal vez esa frase resume lo que pasó esa tarde en Suba La Gaitana: un parche donde el cuidado se contó en muchas voces, entre diplomas colgados en una pared, un emprendimiento que resiste y una mujer que recuerda que cuidar también es proteger la vida de un animal.