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Publicado
Sep
24
2025

El cambio climático afecta más a mujeres que a hombres. ¿Cómo equiparamos las cargas?

Primera verdad: el cambio climático impacta de manera diferente al norte y al sur global; a las zonas urbanas y rurales; a los hombres y a las mujeres. Segunda verdad: este impacto exacerba cargas y pesos que estructuralmente ya existen en nuestra sociedad. No obstante, en muchas ocasiones estas cargas, cuando están acompañadas de ciencia, información y datos, pueden convertirse en poder. Mujeres ante el cambio climático pueden convertir el peso en poder.

Con este mensaje comenzó su charla: No hay neutralidad: el cambio climático afecta más a las mujeres, Silvia L. Calderón, directora del Centro SEI Latinoamérica Instituto e Ambiente de Estocolmo. 

En este espacio la directora evidenció, a través de un extraordinario viaje por cuatro estudios de caso (dos en Colombia, uno en Bolivia y el otro en Nairobi (Kenia – África), cómo se viven las desigualdades alrededor de los recursos naturales y qué caminos deben contemplarse para que el mundo viva una transición energética más justa y sostenible.

En este orden de ideas, la directora del Centro SEI se refirió a cómo las mujeres invierten más tiempo que los hombres en la adquisición del recurso hídrico y gastan más tiempo en el transporte público, constituyéndose como sujetos sociales más vulnerables a riesgos como el de la contaminación y la violencia sexual.

Estas son realidades tangibles que llaman a que la sociedad global, en su conjunto, no solo piense en mecanismos para que la distribución de los trabajos derivados del cambio climático sea más equitativa, sino para que, en términos generales, se piense en la transición energética a la luz de las brechas de género que implica dicho salto.


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Cómo abordar la transición energética

A este inmediato respecto, la directora Calderón se refirió a lo ocurrido en el departamento del Cesar en el año 2021, tras el cierre de una mina de carbón, de cara a la transición energético y al cumplimiento del Acuerdo de Paris, cuyo objetivo es el de reducir la producción y consumo de carbono al 2040.

El cierre de minas en la Jagua de Ibirico generó desempleo masivo y profundizó crisis familiares, aumentando las cargas económicas y emocionales para las mujeres.

Este caso puso en evidencia que la transición energética va más allá de los combustibles fósiles, y para que sea justa hay que entender los procesos sociales que la atraviesan, para que las brechas estructurales de género que ya existen, no se profundicen.

“Para que los países puedan estar empoderados hacia la transición energética tenemos que entender las economías locales que dependen del carbón y del petróleo. ¿Cómo están estructuradas? ¿Cuáles son los roles de género que allí se ven? En este caso del Cesar vimos un laboratorio de lo que es la transición energética, pero debemos diseñarla bien para que sea justa”, preciso a este respecto.

Ahora, en una cuenca cafetera en el departamento de Caldas, en donde se vuelven a evidenciar cargas desiguales alrededor de la gestión del recurso hídrico con rasgos similares a los de otras cuencas (más desescolarización en niñas, más alto desempleo en mujeres que en hombres y cuando la cabeza de hogar es mujer la pobreza es mucho mayor), pero en esta oportunidad las mujeres tuvieron acceso a recursos públicos y de la Federación Nacional de Cafeteros para expandir su trabajo gracias al acceso a la información.

¿Qué cambió? La mujer se empoderó con información; las mujeres participaron y tuvieron impacto sobre su territorio gracias a una participación comunitaria robusta.

“Estas son historias sobre como la carga se puede convertir en opciones de empoderar y en donde la ciencia cumple un rol fundamental. La ciencia es un vehículo que amplifica la voz femenina y da fuerza a su protagonismo. Del peso al poder no es un eslogan, es un camino al futuro que transitemos”, concluyó. 


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