¿Quién prepara la comida en casa? ¿Quién recuerda las citas médicas o cuida a una persona cuando se enferma? Las respuestas a estas preguntas revelan cómo se distribuyen las tareas de cuidado dentro de las familias y qué mensajes reciben niñas y niños sobre los roles de mujeres y hombres.  Con el propósito de promover relaciones más igualitarias desde la infancia, el Programa de Transformaciones Culturales de la Secretaría Distrital de la Mujer comparte cinco acciones prácticas para identificar y transforma
Publicado
Oct
15
2026

Pon en práctica estas cinco acciones para que tus hijas e hijos crezcan libres de estereotipos de género

La Secretaría Distrital de la Mujer comparte cinco acciones para promover la igualdad desde la infancia a través de los juegos, las emociones y las tareas del hogar.

Niñas y niños aprenden sobre los roles de mujeres y hombres al observar quién prepara la comida, recuerda las citas médicas o cuida a alguien cuando se enferma. Los juegos que se les ofrecen, las tareas que se les asignan y la manera en que se responde a sus emociones también les transmiten mensajes sobre lo que se espera de ellas y ellos.

Para reconocer y transformar los estereotipos de género que pueden reproducirse en esas prácticas cotidianas, el Programa de Transformaciones Culturales de la Secretaría Distrital de la Mujer propone cinco acciones para poner en práctica en casa.

1. Dejar de decir que el papá “ayuda” en la casa

Decir que un hombre “ayuda” a cocinar, limpiar o cuidar a sus hijas e hijos transmite la idea de que estas labores son responsabilidad de la mujer y que la participación masculina es voluntaria.

Reconocerlas como responsabilidades compartidas permite cambiar ese mensaje. El lenguaje debe acompañarse de acuerdos para que las tareas y su organización se distribuyan entre las personas adultas del hogar.

2. Romper el mito de los juguetes exclusivos para niñas o niños

Una cocina de juguete o un juego de herramientas pueden despertar intereses y desarrollar habilidades en cualquier niña o niño. El estereotipo aparece cuando se ofrecen como opciones exclusivas según el género o se impide explorar otros juegos.

Jugar a preparar alimentos, cuidar a un bebé, construir o reparar objetos permite aprender distintas formas de relacionarse y resolver situaciones. Ofrecer opciones diversas y respetar sus preferencias les ayuda a explorar sus capacidades sin limitar lo que pueden hacer por ser niñas o niños.

3. Enseñar que cuidar también significa escuchar

Cuidar implica reconocer las emociones, prestar atención a las necesidades de otras personas y aprender a expresar los sentimientos. Exigirle a un niño que sea fuerte y no llore, o esperar que una niña esté siempre pendiente de los demás, limita sus posibilidades de construir relaciones en las que puedan dar y recibir cuidado.

Preguntarles cómo se sienten, escuchar sus respuestas y enseñarles a reconocer cuándo alguien necesita apoyo son maneras de practicarlo. Tanto niñas como niños necesitan saber que pueden expresar sus emociones, pedir ayuda y acompañar a otras personas.

4. Distribuir las tareas del hogar sin repetir estereotipos

Si las niñas deben poner la mesa o recoger mientras los niños pueden seguir jugando, se les enseña que el trabajo doméstico les corresponde a ellas. La participación en estas tareas debe tener en cuenta la edad, las condiciones y las capacidades de cada integrante, sin asignarlas por su género.

Organizar los juguetes, poner la mesa o guardar sus pertenencias pueden ser responsabilidades compartidas y acordadas según esas capacidades. La participación de niñas y niños debe ser adecuada para su edad, sin trasladarles las responsabilidades de cuidado que corresponden a las personas adultas.

5. Recordar que el ejemplo también educa

Hablar de igualdad necesita coherencia con lo que ocurre en casa. Si una sola persona cocina, limpia, organiza y resuelve todo lo relacionado con el cuidado, niñas y niños aprenderán de esa distribución, aunque escuchen que las responsabilidades deben compartirse.

Revisar los acuerdos entre las personas adultas y cumplirlos permite mostrar con acciones que cuidar es una responsabilidad compartida. Esto incluye tanto realizar las tareas como estar pendiente de lo que hace falta y organizarse para resolverlo.

La invitación es a revisar en familia qué tareas realiza cada persona, qué juegos se permiten y qué mensajes se transmiten sobre las emociones. A partir de esa conversación, se pueden acordar cambios y revisar cómo se cumplen.

La igualdad también se aprende cuando niñas y niños ven que en su hogar hay espacio para cuestionar las costumbres y construir otras formas de convivir.