No son solo palabras. Nombrar a mujeres y niñas también es reconocerlas
Por eso, hablar de lenguaje incluyente va mucho más allá de reemplazar unas palabras por otras. Nombrar a mujeres y niñas permite reconocer que no todas las personas viven las mismas condiciones ni enfrentan las mismas barreras. Y ese reconocimiento es clave cuando se diseñan políticas públicas, se producen datos, se identifican brechas o se decide dónde deben concentrarse los esfuerzos del Estado.
La estadística pública ofrece un ejemplo claro. El DANE incorpora el enfoque de género precisamente para identificar particularidades según el sexo y hacer visibles brechas y patrones de discriminación. Diferenciar permite saber, por ejemplo, cuándo una realidad afecta de manera distinta a las mujeres y orientar acciones que respondan a esa desigualdad.
“Nombrar a las niñas importa. No es un asunto de palabras. Es un asunto de derechos”, señaló la secretaria Distrital de la Mujer, Laura Tami. En su mensaje recordó que durante siglos el masculino se asumió como universal y que nombrar a mujeres y niñas ha permitido reconocer que sus realidades, desigualdades y violencias son específicas.
Esa diferencia importa. Una niña no enfrenta necesariamente las mismas violencias que un niño. Una mujer no encuentra siempre las mismas barreras que un hombre para acceder a ingresos, participar en espacios de decisión, movilizarse con seguridad o ejercer sus derechos. Si esas realidades se diluyen bajo una categoría aparentemente universal, también se vuelve más difícil identificarlas, medirlas y responder a ellas.
Naciones Unidas define el lenguaje inclusivo en cuanto al género como una forma de comunicarse sin discriminar ni perpetuar estereotipos y señala que el lenguaje influye en las actitudes culturales y sociales. Por eso, su uso hace parte de las herramientas para promover la igualdad de género y combatir prejuicios.
Esto tampoco significa llenar todos los textos de repeticiones. El español ofrece distintas posibilidades: hablar de la ciudadanía, las personas, quienes participan o mencionar expresamente a mujeres y hombres cuando esa diferencia sea relevante. Las propias orientaciones de Naciones Unidas recomiendan combinar estrategias según el contexto, procurando siempre claridad, fluidez y concisión.
Una comunicación incluyente también pregunta quién aparece en las imágenes, quién tiene voz, qué papeles desempeñan las mujeres y qué estereotipos continúan reproduciéndose. Reconocerlas significa mostrar su diversidad, sus aportes y sus experiencias sin reducirlas a roles tradicionales ni tratar una única experiencia femenina como si representara a todas.
El lenguaje incluyente no amenaza derechos ni le quita reconocimiento a nadie. Amplía la posibilidad de ver realidades que durante mucho tiempo permanecieron ocultas bajo formas aparentemente universales de nombrar. Como expresó la secretaria Laura Tami, reconocer a las niñas no excluye a nadie, permite avanzar hacia una sociedad en la que sus derechos y sus realidades también sean tenidos en cuenta.

